top of page

Dos textos de Eliot Weinberger

Penélope Córdova

2 Min. de lectura

jun 7

35

0

0

Tomados de la revista Rialta



Los muertos

No es para honrar a los muertos: es para evitar que regresen. Las pesadas piedras sobre la tumba; los altos muros y vallas alrededor de los cementerios; el sólido e inquebrantable ataúd. Los muertos, atados de pies y manos; los muertos imploraron quedarse donde estaban. Los moribundos enviados a cualquier otro lugar a morir, para que así los muertos no se queden en la casa. Sus ojos están cerrados, están envueltos en un sudario para que no puedan ver el camino de regreso. Tortuosos caminos al cementerio; entierros en la noche; máscaras que no pueden quitar de sus rostros. Una pequeña casa para que vivan, y se queden allí. Comida y bebida en la tumba, los cadáveres vestidos con finos trajes, dinero en la tumba, para que no vuelvan por más. Una canoa o barca enviada al mar; el cuerpo quemado hasta las cenizas; el cuerpo comido por los buitres. Fuertes ruidos, petardos, gongs, gritos, repique de campanas para espantarlos.

Mientras el cadáver esté todavía en la casa, no se puede comer, porque también él querrá comer.

El nombre del muerto no se puede pronunciar, porque pensará que se le llama. Los Abipones del Gran Chaco les daban nombres de plantas y animales. Cuando uno de ellos moría, tenían que inventar algo nuevo en el idioma. La palabra “jaguar”, un nombre común, cambiaba tres o cuatro veces al año. A fines del siglo XIX, no quedaba nadie que hablara el idioma y pudiera inadvertidamente invocar a los muertos.



Los Mara

Los Mara, en el noreste de la India, dicen que los mortales comunes, cuando mueren, van a Athiki, el pueblo de los muertos. Allí es de noche cuando aquí es de día, y de día cuando aquí es de noche. Allí los peces son hojas de bambú, y los osos son orugas peludas. El espíritu vive durante mucho tiempo en Athiki, pero finalmente muere y regresa a la tierra. El espíritu de una persona poderosa se convierte en un poco de niebla de calor que se eleva hacia el cielo. El espíritu de un pobre se convierte en gusano y es devorado por una gallina.

Dicen que cuando la gente sueña, su alma vaga al final de una larga cuerda invisible. Cuando tienen un mal sueño, se lo cuentan a todo el mundo. Cuando tienen un buen sueño, se lo guardan para sí.

Dicen que hay una higuera gigante creciendo en la luna, y las marcas que vemos en la cara de la luna son sus ramas.  Y que en el árbol vive un mono sin cabeza.

Los mejores cazadores van siempre al paraíso, llamado Peira. Está cerca del único Dios y ocupado por pocos, porque uno debe haber matado un hombre en la batalla, un elefante, un tigre, un oso, un pequeño oso de árbol, un serau, un goral, un gayal, un rinoceronte, un sambhur, un muntíaco, un jabalí, un cocodrilo, una cobra real, un águila, cada especie de ave en la familia de los cálaos y un drongo real. Las tropas del gobierno ahora mantienen la paz, y muchos de los animales ya no están allí, por lo que es poco probable que algún Mara vuelva a ir al paraíso.

Penélope Córdova

2 Min. de lectura

jun 7

35

0

0

Comentarios

Share Your ThoughtsBe the first to write a comment.
bottom of page